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La actualidad de esta obra queda demostrada por el momento histórico en que vivimos, cuando los juicios se han convertido prácticamente en juegos, en los que acusados y acusadores, manipulados y manipuladores representan papeles semejantes a la Atenas Clásica.
Esta obra, tanto por su dificultad escénica, su imaginación, su absurdo y su interpretación textual es considerada como una de las más difíciles de representar, razón por la cual apenas ha sido llevada a escena dentro y fuera de nuestras fronteras.
Aristófanes arremete contra la organización jurídica de Atenas, organización sobre la que conviene hablar para facilitar la comprensión de la comedia.
En Atenas no existía una magistratura profesional. Aparte del Areópago, el ejercicio de la justicia correspondía en exclusiva a los jurados, que se elevaban a seis mil, cifra considerable si se tiene presente que en tiempos de Aristófanes la población de Atenas contaba unos veinte mil habitantes. Todo ciudadano, a condición de haber cumplido los treinta años, podía ser designado para ejercer las funciones de jurado. Por generalización, a estos jurados se les daba el nombre de heliastas, porque el principal de los diez tribunales de Atenas entre los que se distribuían los jurados era el que funcionaba en la plaza Helia, nombre que viene a significar plaza o puerta del sol.
Esta organización no hubiera acarreado graves inconvenientes si Pericles, para indemnizar a los heliastas por el tiempo que consagraban a sus funciones, no les hubiera concedido un óbolo, lo que movió a los pobres y a los haraganes a ver en las funciones jurídicas un medio de ganarse la subsistencia sin gran trabajo. En cambio, las gentes acomodadas se desinteresaban de sus funciones, de modo que los tribunales quedaron a manos de los demagogos que dirigían al populacho.
El día en que Cleón aumentó la paga a tres óbolos, el mal empeoró pues los tribunales pasaron a ser un instrumento manejado por los demagogos, que se aprovechaban de los resentimientos de la multitud para desembarazarse de sus enemigos políticos y realizar por su cuenta personal lucrativos negocios.
Y las Avispas aparece precisamente, en un momento en que los demócratas, partidarios de la guerra y cuyo jefe es Cleón, se sirven más que nunca de los heliastas para satisfacer sus pasiones o sus apetitos. Es la época en que se multiplican las acusaciones de "laconismo“, es decir, de amiguismo con el enemigo de Laconia, contra los aristócratas, partidarios de la paz, y contra los moderados como Aristófanes.
El poeta trata, pues, según sus convicciones, de explicarle claramente al pueblo la situación y demostrarle que, lejos de tener en sus manos el poder, como cándidamente se lo imagina, es el juguete de un puñado de desaprensivos que se reparten el pastel entre ellos sin dejarle al pueblo más que las migajas.
La obra se centra en cuatro personajes principales: Filocleón y Bdelicleón, padre e hijo respectiva-mente, y Jantias y Sosias, sus siervos. Junto a ellos, un coro compuesto de ancianos-avispas y gran número de personajes secundarios recrean satíri-cas escenas llenas de absurdo como la odiseica escapada de Filocleón, el casero juicio en el que se enfrentan los dos perros familiares por haberse comido un trozo de queso o el desafortunado banquete de consecuencias inesperadas.
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